| Martes, 25 de Julio del 2017 |
29 de Enero del 2016 | 07:58

La Honestidad de aceptar ser CORRUPTO

Jean Pierre Bravo Zapata

Presidente Proyecto educalidad

E-mail:jpbraza@gmail.com

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El Foro Anticorrupción organizado por Proética la última semana y que congregó al grueso de los candidatos a la presidencia de la República fue, en el mejor de los casos, una declaración de intenciones, una lluvia de ideas para tratar de que el elector  albergue la esperanza de que en un eventual próximo periodo gubernamental, este quiste que ha mellado al Estado desde los tiempos del primer empréstito de Riva Agüero (para ponernos históricos), se extirpe definitivamente.

Hemos escuchado, sin hacer distinción en nombres propios, propuestas diversas:

  • Crear una Procuraduría General de la República. La propuesta más obvia, pero también la menos efectiva. Inflar el aparato estatal para crear una dependencia a la cual se adscriban todas las procuradurías sectoriales traerá consigo, de seguro, una cadena de corrupción con un eslabón en de mayor nivel y la consiguiente condescendencia para quienes detenten el poder.
  • Modificar la Constitución para que incluya la imprescriptibilidad de los delitos de corrupción. Esta posible modificatoria tendría que llevarse a cabo desde el Poder Legislativo, lo que constituye en sí una traba mayúscula pues los intentos previos de realizar algo mínimamente parecido, la sanción a algún congresista, por ejemplo, ha desencadenado un sistema de blindaje más efectivo que el de cualquier buque de guerra. Además es una forma sutil de plantear la posibilidad de diseñar una nueva Constitución, con reglas de juego distintas y de seguro convenientes para la coyuntura gobiernista.
  • Instituir la “Muerte civil” para los funcionarios que incurran en actos de corrupción. Es una propuesta que nos atrae a todos, el gran problema será la cantidad de casos que tendrá que atender y resolver el Tribunal Constitucional, en un país en el que cualquier antro infecto levanta su clausura con una Acción de Amparo, los alcances de la “Muerte civil” son francamente inciertos. Además tenemos la actuación privada que es la otra cara en la moneda de la corrupción.
  • Eliminar la “Puerta giratoria”. Se propone que los ejecutivos de empresas privadas no puedan ingresar posteriormente al servicio público en cargos funcionarios de control o fiscalización, se entiende con la intención de evitar preferencias, contubernios y acuerdos bajo la mesa; el problema es que esta medida trasgrede el derecho fundamental (que es inalienable e irrenunciable) a la libertad de trabajo. Por otro lado, muchos de los funcionarios que trabajan para el Estado y provienen de la actividad privada tienen altos índices de eficiencia y eficacia y muchos han desistido de su labor de funcionario público porque la escala de remuneraciones respecto a las del sector privado no es competitiva. Mientras no se acompañe de una reforma sustancial del Estado y de una estructuración de la carrera pública, la “Puerta giratoria” seguirá franqueándose.
  • Elección de funcionarios, contralores y jueces por voto popular. ¡Por favor! Estamos tratando de madurar una democracia en la que el pueblo pueda votar por planes de gobierno y propuestas factibles dejando de lado la infame tendencia a votar por simpatía, y ahora se pretende que se analice la propuesta del candidato a contralor, a procurador o a juez. ¡Cuánta utopía!

La verdad acerca de la corrupción institucionalizada es que la sociedad ha crecido permitiéndola y aceptándola como parte de su idiosincrasia, nadie en el bendito foro ha planteado el cambio de estructuras educativas para contrarrestar a largo plazo esta infección. Hay que entender de una vez y por todas ¡LA POLÍTICA NO CORROMPE!, las personas llegan ya corruptas a la política, lo único que hace está es descubrir esta tendencia por medio de cuantías mayores.

Ningún pueblo elige por encima de sus propias capacidades y características, los líderes son personas que han potenciado en sí mismos las actitudes, negativas o positivas, de las masas. ¿Entendemos, por ejemplo, que la candidata Fujimorí admita la corrupción durante el gobierno de su padre, comparándola con una inmensa mochila que carga sin responsabilidad de su contenido (lo mismo que argumentan los burriers cuando son intervenidos en el aeropuerto) o que defensores del candidato Acuña argumenten que al pueblo peruano no le interesa el plagio en su tesis doctoral sino las propuestas que tiene para sacar al Perú de la situación en que se encuentra? ¡Claro que lo entendemos! Incluso hay personas que ya empiezan a pensar: “quién no ha plagiado alguna vez”, que es un pensamiento primo hermano de “roba pero hace obra”, “cómo iba a saber lo que hacía su papá” y “todos roban, pero él ha robado menos”. Sin embargo, el que lo entendamos socialmente, no nos debe condenar a aceptarlo. NO DEJEMOS DE PENSAR.

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