| Miércoles, 16 de Agosto del 2017 |
27 de Febrero del 2016 | 13:19

El Hemisferio Izquierdo

Jean Pierre Bravo Zapata

Presidente Proyecto educalidad

E-mail:jpbraza@gmail.com

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Era una reunión muy amena en la que las chanzas de moda acerca de los defectos facinerosos de cada candidato iban y venían, más en sentido casual que confrontacional, hasta que se mencionó el nombre de Veronika Mendoza, la candidata de ese experimento de unidad fallida que ha resultado llamarse Frente Amplio de Izquierda (aunque la expresión “de Izquierda” no vende y por ello siempre queda de lado). Fue entonces que sus partidarios, que eran dos o tres muy estimados amigos, cambiaron el tono por uno más sobrio y agresivo. Parecía que se hubiera nombrado un artículo sacro en un antro de poca monta; simplemente no teníamos derecho. Para no joder la reunión les hice la pregunta que siempre hago a mis numerosos amigos seguidores penitentes de los proyectos de la izquierda criolla: ¿sin que tus simpatías y compromisos nublen tu juicio, tú crees que Veronika Mendoza va a ganar las elecciones del 10 de abril? Obviamente, porque llamados a la razón debían responder con ella de su lado, la respuesta fue NO, pero había de esperar una razón, que es la que siempre escucho y trato de no discutir para no entrar en una espiral bizantina: porque los peruanos son imbéciles.

Con la izquierda criolla local nos enfrentamos a un problema más mesiánico que político y esto es el efecto de la propaganda que ellos mismos elevan a nivel de paradigma; existen infinidad de frases y consignas que los militantes de las innumerables facciones de izquierda utilizan para definir su “lucha” y definirse a sí mismos. “Los mejores hijos del pueblo”, “crear poder popular”, “salvo el poder todo es ilusión”, “el poder nace del fusil”, “patria o muerte. Venceremos”, “hasta la victoria, siempre”, “sin lucha no hay victorias”, “la revolución es la partera de la historia” y un impresionante etcétera fruto, ciertamente, del genio encendido y de la palabra ígnea. Es bastante lógico entonces que la juventud, propensa felizmente a los cambios y el repudio al status quo, escuche estás consignas y enarbole banderas que, en la mayoría de casos, quedan arriadas bajo el peso de una realidad que nos obliga a ser más racionales que apasionados. Los hombres y mujeres de izquierda, como ellos mismos se llaman, creen definitivamente que el universo ha evolucionado durante miles de millones de años para llegar a el producto final: el hombre comunista puro.

La verdad de las cosas es que nunca un régimen de izquierda, y tampoco uno de derecha, ha obtenido resultados sostenibles que puedan cuantificarse en desarrollo verdadero para sus pueblos. Nos entusiasman los avances de la izquierda moderna representada por las experiencias italiana y francesa, pero esto porque es un socialismo que ha decidido competir en un mundo en el que los planes quinquenales, las dictaduras del proletariado y las largas marchas no han servido más que para poner al pueblo en una primera línea de fuego de la que generalmente no puede salir.

La izquierda peruana representa una mínima parte del electorado (si en la efervescencia de campaña llega a un 4%, en otros escenarios se volatiza) y es que el pueblo presiente que lo que le ofrecen no es viable. Uso aquí la frase de un buen amigo especialista en mercadeo “lo perfecto es enemigo de lo bueno”; para que sus consignas tengan éxito se deben cumplir ciertas premisas:

  • Que cada triunfo de su proyecto se debe a su mejor concepción de la realidad.
  • Que cada fracaso estrepitoso de sus planteamientos se debe a la confabulación de los poderes fácticos con el imperialismo yanqui y la corrupta clase política fujitolediapronadiollantimontesinista (que barbaridad).
  • Que el Perú sea efectivamente el mendigo que nunca fue, sentado en el banco de oro que nunca tuvo.

Esta falta de visión para aceptar sus estrecheces y sus errores políticos (los dos últimos tienen nombre propio: Humala y Villarán) hacen que la izquierda sea un proyecto inviable cuyos fracasos se deben siempre a alguien más. Cuando lean esta editorial mis amigos zurdos (hoy no les voy a decir rojos, aunque les encanta), su candidata debe haber alcanzado algo más del 4% en la intención de voto (puede subir un poquitín más si sigue ocultando a sus rostros más curtidos como Arana o Dammert), ellos seguirán culpando a la estupidez endémica de los peruanos, se seguirán sintiendo diferentes, superiores, infalibles; pero al final regresarán a sus interesantes y productivas ONG, a sus discusiones de café, a sus manifiestos ardientes y a la desilusión de sus proyectos fallidos; a mí, como alguna vez dijera Dalí “me gustan de la izquierda sus pintores, sus poetas y sus músicos, jamás sus políticos”. No dejemos de pensar

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